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Matilde Casazola Mendoza

en Artículos 16 octubre, 2020

Por: Maricruz Alvarado Nava
Jahel Milka Loredo Ríos

Socias del Club del libro “Jaime Mendoza”

“Quiero que mis días sean gotas que caigan a una
Misma fuente”
“Luego la fuente cantará y será lindo oír sus voces
En esas tardes doradas”
– Casazola, Matilde. La Carne de los Sueños. Poema 50

Una de las figuras fundamentales de la poesía boliviana de los siglos XX y XXI es sin duda Matilde Cazasola; no sólo por ser una poeta prolífica, con más de 16 títulos publicados o por ser cantautora de una trova lírica de alto vuelo, con 9 grabaciones entre LPS, Cassetes y CDs, sino, esencialmente, porque sus versos de toques personales han logrado resituar la poesía en la intimidad de sus lectores.

Abruptamente, entró la noche por la puerta
mal cerrada.
¿Fue un descuido
o acaso una actitud intencionada?
Nadie lo sabrá nunca.

Su alta sensibilidad unida a las entrañas de su tierra que la cautiva y la aprisiona, a las cosas cotidianas, a lo pequeño y de aparente insignificancia la ha llevado a crear una poesía propia, profunda, intensa, al mismo tiempo que sencilla, de temáticas diversas, de emociones arraigadas en su identidad.

De tus ramas colgaban
las estrellas
árbol adolescente de otros años

Después
me fui
no sé por qué camino
y vos te quedaste
allá en el fondo de huerta,
contando los silencios
las mañanas y las tardes huecas de mis pisadas(…)

Esta noche
te hallé nuevamente
lleno de lucecitas.
Engalanaste tus ramas
para esperarme.

Y ya ves, no ha pasado el tiempo:
Aquí retornan mis pisadas”. (Poema Árbol)1

Esta poesía centrada en la vida, en la cotidianidad, que sublimiza las cosas y los seres pequeños ha hecho que en el ámbito de la poesía nacional quede acuñada como “cualidades matildeanas”2 . Y es que en la voz de Matilde esos seres simples e ignorados y de aparente insignificancia son crisálidas que abren sus alas maravillosamente hermosas; pero no para transformarse en mariposas, sino para mostrar su belleza sin perder su propia esencia. Recuerdo que la poeta cuenta que un día al caminar por las calles de su ciudad vio unos claveles rojos, hermosos que brotaban de una latita tosca, sin mayores brillos que abrazaba a las flores con ternura maternal, así nace, por ejemplo la canción poema Un ángel ha pasado:

Aunque sea en latitas
tus claveles
en tu ventana pintan su ilusión.
No es lo mismo la vida sin placeres
pequeñas alegrías
una flor.

Y continúa más adelante:

Yo sé que tú no tienes joyas bellas
que te adornen en fatuo resplandor
pero en tus ojos lucen dos estrellas
y tu sonrisa brilla como un sol
– (Canciones del alma)

Y es que como ella misma señala “La verdadera capacidad que tiene la belleza de ser eterna está en la imperfección”3 .

Esa es la magia de Matilde, una poeta que no sólo ama la poesía sino la vive, como diría Borges en su cuento sobre Borges, no sé quién escribe estas líneas, si Borges o yo. No sé si Matilde escribe su poesía o a ella la poesía la reescribe en su soledad no solitaria, en sus noches de insomnio, en su casa solariega y el gran árbol, su compañero.

Poesía: tú me vuelves a mi cauce.
Lo demás, todo es oro licuado
que se va al mar lejano.

Lo demás todo es llanto
que se traga el olvido.

Tú, sola
con las dos manos graves
coronándome de espinas
me das el paraíso,
la justa clave
para hendir el misterio
– (Del poemario Tierra de estatuas desteñidas, poema 4, 1992)

Matilde es una alma reflexiva que dialoga con ella misma, una mujer que ha logrado domesticar la soledad y que se construye de forma permanente.

Eran sueños que yo soñaba.
Luego, me despertaba y escribía
afiebradamente
los sueños que soñaba.

Eran voces que yo escuchaba
en corredores verdes
de luces restallantes,
eran voces que yo escuchaba(…)

Entonces yo escribía serpentinas de palabras
en papeles quejumbrosos y heridos(…)
– (Del poemario A veces un poco de sol. 1994. Poema 1)

Su amor por la creación literaria tiene raíces en su prosapia chuquisaqueña, la destacada familia Mendoza; es nieta del multifacético literato y patriarca Jaime Mendoza, en cuya familia resuenan los nombres de reconocidos intelectuales de elevada sensibilidad, como Tula Mendoza, madre de Matilde, Martha Mendoza, Gunnar Mendoza y otros. Su tío Germán Mendoza la hace caminar desde pequeña por la poesía de Espronceda, Darío, Campoamor, Boudalaire que marcan su pasión por los versos; sin embargo, ella no busca imitar a estos u otros maestros; sino que transita sus propios caminos hasta crear una poesía personal, con sello propio, de forma que sus versos tengan el aroma de la autora, que siempre buscó desmarcarse de la rigidez de una sociedad conservadora.

Como indica Rafael Cárdenas4 la poesía en el S XX tiende a convertirse en un corpus hermético que pierde su papel de formadora de la sensibilidad latinoamericana; por el contrario, la poesía de Matilde rompe con este hermetismo; pero sin perder sus cualidades de toda buena poesía a partir de las imágenes y sensaciones que maneja; y nos abre las puertas del EROS, del placer y la sensualidad y nos deleitamos con sus textos, simples; pero no con la simplicidad de lo burdo; sino con la sencillez de la belleza auténtica. El lenguaje de la poesía de Matilde sale de sus usos ordinarios y pone en crisis los sentidos convencionales de los signos; pero no pierde su sentido comunicacional, emotivo.

La lluvia cae en las ciudades triste
peinándole sus techos con tocados grises.
– (Del poemario La carne de los sueños. 2004. Poema 3)

Una poesía que sin detenerse en el lenguaje nos ofrece mundos de sentimientos y de profundas reflexiones filosóficas, cuestionamientos de vida:

Los sueños tienen la carne de espuma que se deshace;
el mirar de brumas vagas,
las cabelleras flotantes.

Hacen su casa en la gruta
de las rocas más distantes
con escaleras de nubes,
cual altos puentes colgante.
– (Del poemario La carne de los sueños. 2004. Poema 25)

Su fructífera labor poética se inicia desde temprana edad, así su primer libro sale a luz en 1967, con el título Los ojos abiertos con una recopilación de poemas escritos hasta 1996 y que encierran inmensidades de amor y de angustia.

Su siguiente libro titulado Los cuerpos se publica 1976, luego El espejo del ángel en 1981, seguido por Los racimos que corresponde a 1985 aunque en él se insertan poemas producidos en 1966 – 1967 y varios incluidos en los Ojos abiertos siendo recurrente la presencia de la ternura, el asombro, el amor, el dolor, la soledad, la espera; aunque ya incluye temas sociales. En 1988 publica Amores de alas fugaces con temas referidos a su nacimiento, su florecer, su desaparición, en los que pinta de manera precisa y delicada otra vez el amor que es siempre el mismo y al mismo tiempo diferente, esto da al libro un tono especial, íntimo y luminoso.

En cada camino
yo dejé una huella
y todas las noches
me siguió una estrella.
Una sola llama
mi mundo abrazó.
¡Todos los amores son el mismo amor!

Después de la publicación de este libro su producción se va acelerando a la par de su producción musical. En esta época trabaja intensamente revisando textos antiguos concluyendo nuevos, ordenando, seleccionando por temas, por años y otras características logrando reunir ocho volúmenes de poemas inéditos, su producción de 1968 a 1981. “…Y siguen los caminos” publicado en 1989 que contiene 97 poemas, en ellos habla entorno a la vida errante, los paisajes, el peregrinaje sin fin sea este físico o espiritual. Son poemas paralelos a sus “Canciones de caminantes” y sus temas tocan los efímero, la inseguridad de todo sentimiento, el eterno caminar del poeta “trashumante de los astros”: “El amor está fijo/ yo sigo caminado”.

El poemario Estampas, meditaciones, cánticos contiene la dolorosa experiencia de la enfermedad, de la desesperanza aunque también está presente la resignación, la esperanza y la fe. En 1992 entrega su libro Tierra de estatuas desteñidas, el texto con características de diario y poemas narrativos en los que la poetisa se analiza, se describe y se descubre.
Luego publica A veces un poco de sol poesía nutrida de imágenes construyendo un mundo que sólo a ella le pertenece, en consideración a la naturaleza, el aire, el sol, la lluvia, la luz, el fuego. Otro libro es La noche abrupta con reflejos de tristeza y desesperanza. Con esta entrega se completa en gran medida un tiempo poético intenso, dramático y profundo de Matilde Cazasola.

Obra poética que recoge toda su producción anterior y se publica en 1996; Este amor que enmudeció la garganta de las aves (1999); La carne de los sueños (2004; 2007); Las catedrales subterráneas (2008); Las moradas transitorias (2009), Jardín de Claroscuros (2013).

Estas son algunas de sus publicaciones y si bien esta es extensa es mucho más grande la obra inédita; la autora afirma contar con muchos textos que los va ordenando por años de producción; a veces, señala que se siente abrumada por tantos textos que aún duermen en el baúl que las cobija.

El genio creador de esta extraordinaria mujer también se desborda al componer canciones, donde poema y música se funden dado que poseen la misma sustancia, pues las dos son ritmo, dice Matilde. Magela Baudoin al hablar de la música de la autora señala: “Matilde no solamente hizo algo novedoso (…) que fue llevar la poesía de su espacio natural a la música popular – folclórica y viceversa, sino que hizo escuela sin proponérselo”. Recordemos que en los años 60 y 70 la música folklórica recorría ámbitos populares, en tanto que la poesía, alzaba vuelo en los círculos culturales selectos. Matilde tiene la virtud de arrancar la poesía de los salones para llevarla al encanto de la cueca y el bailecito. Su inspiración musical se halla enraizada en las formas tradicionales, a las que aporta con una visión más libre acuñadas en su poesía.

La cantora como se define ella ha ofrecido recitales en Francia, Suiza, España siendo diversos y famosos intérpretes que ejecutan sus obras musicales, muchas veces adaptadas a nuevos ritmos y con diferentes propuestas estéticas. Sus canciones hoy son invitados infaltables en el mundo de la música y han sido parte de películas nacionales de impacto como El Embrujo de los Andes y El Atraco.

Como no podía ser otra manera esta poeta ha merecido y merece el reconocimiento de la sociedad boliviana, habiendo recibido varios premios, entre otros, el Premio Nacional de Culturas, en 2016 de manos del Ministerio de Culturas. Sería largo mencionar todas preseas otorgadas a este ícono de la cultura sucrense; pero no queremos dejar al margen el Libro de Oro otorgado por la Unión Boliviana de Clubes del Libro a la que pertenece nuestra institución.

También es invitada infaltable en festivales locales, nacionales e internacionales, como el celebrado en Madrid en 2017, a la que fue convocada para leer sus obras y conversar sobre los procesos de creación poética y la creación poética de la región.

Para concluir, destaquemos que la anterior gestión la Universidad Mayor de San Andrés de la cuidad de La Paz le entrega el Título de Doctor Honoris Causa que es la máxima distinción que realiza una casa de estudios superiores, en reconocimiento a su amplia y meritoria labor artística como poeta y cantautora.

Cerramos este brevísimo recorrido por la producción de nuestra querida Matilde, con sus versos:

En tu corazón entramos todos
como en una gigantesca flor

– (Poema 49 de La carne de los sueños).

Referencias:

  1. Fuente:Tomado de la selección realizada por Gabriel Chávez, para la revista El Ansia. Revista de literatura boliviana N° 1.
  2. Fuente:Expresión de Cergio Prudencio. El Ansia. Revista de literatura boliviana N° 1.
  3. Fuente:Revista El ansia de literatura boliviana. N°1. 2016. Ed. La máquina de escribir. Bolivia.
  4. Fuente: Idem.

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