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La poesía en la obra de Jaime Mendoza

en Artículos 11 septiembre, 2020

Por María Teresa Lema Garrett
Socia del Club del Libro “Jaime Mendoza”

La obra de Jaime Mendoza Gonzáles, como es el caso de pocos escritores en Bolivia, se caracteriza por ser sumamente variada, tanto en contenido como en géneros.   Novelista y ensayista, supo plasmar en sus textos el inmenso amor que sentía por esta Bolivia sufrida, que él conoció de cerca en sus numerosos viajes como médico de campo, sobre todo en los sectores mineros de Potosí, y luego como médico militar, durante la Guerra del Acre. Toda su experiencia, sus observaciones,   sus ideas de progreso y desarrollo para su patria, todo fue plasmado en su obra, que da testimonio de una vida dedicada a buscar las mejores soluciones posibles para el hombre boliviano, para la mejor explotación de la riqueza natural de nuestra patria, para llamar a sus conciudadanos a una sana reflexión sobre  los problemas mayores de educación, salud y pobreza que ya entonces aquejaban a Bolivia.

Dice de él José Antonio Arze:

Es el más amplio de los literatos de su generación en materia de opiniones sociales; y el escritor que, por otra parte, ha explotado con más realismo que ningún boliviano, el campo literalmente casi virgen, de la vida de nuestras gentes oprimidas

José Antonio Arze

Un incansable  estudioso de su obra y de su vida, Enrique Vargas Sivila, expresa  asimismo su admiración por el gran hombre: 

La polivalente personalidad de Mendoza está en que, siendo médico y escritor, fue también poeta, músico, geógrafo, sociólogo, historiógrafo, novelista, pensador, profesor, profeta y prócer.

Enrique Vargas Sivila

La faceta menos conocida tal vez, dentro de su amplísima obra, es la de Jaime Mendoza poeta. Se ha publicado un solo libro de poesía de Mendoza : Voces de antaño (1938). El resto de su obra poética está aún inédito, o disperso en diversas publicaciones.

Jaime Mendoza, desde su infancia y juventud, demostró una sensibilidad fuera de lo común hacia el sufrimiento ajeno, trátese del que veía en su propia familia, luego de la partida del padre o, con mucha más fuerza e impacto, cuando muere su madre. En sus poemas de juventud, son aquellos sentimientos de tristeza y de impotencia los que se manifiestan, un amor total hacia su madre y una honda desesperación al no poder luchar contra un destino que tornaba triste y desierto aquello que una vez estuvo lleno de felicidad y de vida. Es este sentir el que se ve reflejado en versos las más de las veces sencillos y directos:

Allá veo la casa solitaria

Donde con ella yo pasé las horas

Breves y seductoras

Que hoy envuelve una bruma funeraria.

Proclive a la melancolía, al dejar el lugar donde su familia vivió días plenos y luminosos, Yananí, expresa:

Tarde de otoño, dulce y tranquila,

Luz amarilla del mustio sol:

No sé qué tengo, mi alma vacila…

Pero es preciso: me voy, adiós…    (1896)

Temas teñidos de romanticismo, Mendoza los expone con lenguaje  trabajado, transparente y limpio:

Pasa el clamor, pasa la orgía,

Y otra vez en mi mente se levanta

Aquella voz que canta

Una dicha que fue y ya no es mía.

Versos íntimos, destinados más a la expresión de un sentimiento muy personal que a la divulgación, constituyen un legado precioso y poco explorado.

Más conocidos sin duda son los poemas de corte patriótico, en los que Jaime Mendoza explaya sus ideas respecto a la patria, a los próceres, a las grandes ideas de libertad y derecho.

Levantad oprimidos la frente,

Opresores, la frente humillad

Ante el día glorioso de Mayo,

Ante la libertad!

A Simón Bolívar:

Oh titán de la América, Bolívar,

La libertad sin duda sonreía

En el solemne, inolvidable día

En que te vió nacer.

De allí a los cantos casi épicos hay pocos pasos, y Mendoza despliega sus dones de orador al pintar al Mariscal Sucre, en la Batalla de Ayacucho como en el atentado de Berruecos, con pinceladas fuertes y llamativas en una, con una fineza de sentimientos y matices el otro. Dijo del Mariscal “que si es menos que Dios es más que un hombre”, revelando su inmensa admiración por tal gigante forjador de nuestra historia.

Y es que cuanto tiene que ver con Bolivia, le llega al alma y le emociona: sus héroes, su historia, sus paisajes, a los que dedica largas líneas descriptivas, trátese de los cerros que atraen su imaginación: el Illimani, el Sajama, el Chorolque o de las selvas amazónicas:

La selva gigante despliega sus frondas

Que el viento de otoño sacude al pasar,

Y esas frondas verdes parecen las ondas

Bullentes e innúmeras de un inmenso mar.

Su alma de poeta se confunde con sus conocimientos geográficos, y disfruta al nombrar cada pico, cada cerro, y al describirlo en versos que nada pierden de su fuerza poética, al estar llenos de admiración y orgullo:

¡Oh, qué inmenso paisaje!

Allí diviso, al sur,

A los Lipes que cortan con su encaje

Impoluto el azur.

Al suroeste miro al Ascotán,

El San Pedro, el Ollagüe,

Envueltos en su capa

De nieve. Y allí están

Los enorme salares, y el Tunupa

Solitario, a su vera. Y más al norte

El Poopó lapizlázuli y los Frailes;

Y los soberbios Chichas más allí,

Y entre una gran cohorte

De otros cerros, el rojo Potosí.

Cambiante, atento a todo detalle, a lo majestuoso como a lo más simple, Mendoza se identifica con la tierra nuestra, se siente parte de ella, de esa naturaleza agreste o suave, esa Pachamama que es madre y vida:

Alma de las cosas

Mi alma en ti se infiltra:

Ya no soy un hombre

Sino una partícula

De la luz que muere,

Del cielo de lila,

Del huerto, del sauce,

Del agua dormida…

Y cantó también a Sucre, su ciudad cuna, con versos sentidos y sencillos en apariencia, pero muy trabajados, fruto del arte del poeta, que pule cada término y cada asonancia, hasta llegar a melodías simples y bellas:

Las calles están desiertas:

Nadie, nadie; sólo el alma

De la luna ¡Cuánta calma!

Las calles parecen muertas.

Poeta de los Andes, de la selva, de la ciudad, Mendoza en su poesía se convierte en aquello mismo que en versos dispuso, en el magnífico texto “El cabo de la llama”…

…Ve cómo

De la misma manera

Que he vivido alumbrando, ahora me extingo

Alumbrando también … Tú, así, poeta,

Alumbra… que tu vida sea

Otra luz …

Un comentario
  1. Gracias a la Presidente del Club del Libro “Jaime Mendoza” de Sucre – Bolivia por este espacio que abre un sinnúmero de posibilidades para levantar la voz en torno a la lectura.
    Felicidades a Teresa Lema, quien en forma breve, clara y sencilla nos permite navegar en el universo poético de “Jaime Mendoza”

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