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“La noche como un ala” de Máximo Pacheco Balanza

en Artículos 19 abril, 2021

Por Teresa Lema G.
Socia del Club del Libro Jaime Mendoza

La noche como un ala”, para una novela, es un título atractivo por hermético. Esa nocturna ala cobija vaya a saber qué significados que poco a poco develará el texto. De hecho, ya nacen en la mente connotaciones varias: la oscuridad nocturna pero también la levedad del vuelo, la noche que todo lo iguala y el ala misteriosa que se eleva y también cubre y protege.

Lanochecomounala o La noche como un ala toma en cuenta hechos históricos, o al menos situaciones, de mediados a fines del siglo XVI, cuando la Colonia estaba ya bien asentada en tierras americanas y los indígenas vivían bajo normas impuestas por los conquistadores.  Estos dos grupos humanos son los que entran en escena: españoles e indígenas cohabitando en el mismo espacio, pero en niveles distintos, superponiéndose y a veces entremezclándose, espiándose y sospechando unos de otros, sin confrontación directa. 

Se trata de una especie de acomodo en que la cultura de los conquistadores cree haber destruido la cultura antigua de los vencidos y exterminado sus “idolatrías”, sin percatarse que no es tan fácil, que subsiste y persiste un espíritu fuerte, callado, que se expresa en ritos y actos que toman formas aceptables para los españoles pero que en realidad mantienen vivas las creencias antiguas.

En las primeras frases de la novela, el kuraka Aira Ampu revela sus amargos pensamientos sobre la actual situación de su pueblo, suficientes para empaparse del tono reconcentrado de la voz indígena, no quejumbrosa, sino seria y solemne, indignada e impotente. La expresión del lamento, la resignación o el reclamo, se repite cada vez que surge esta “voz andina”, ya sea en el discurso solemne del kuraka Aira Ampu, desde su oscura morada, ya sea en la palabra comunitaria, representada por aquél “nosotros” inicial, relator plural de los hechos y de sus causas.

La otra voz en la novela es una voz diversificada y múltiple, la de los personajes españoles, individuos específicos, presentados con profusión de detalles, descripción física y moral, historia personal, anécdotas, palabras, recorridos y pensamientos, cada cual con su propia visión de lo que acontece y de su significado.

La alternancia de ritmos y de visiones del mundo hacen del relato un vaivén de sumo interés, interesante y esclarecedor, que presenta al lector dos mundos opuestos, o en todo caso esencialmente diferentes. Dicha diferencia se hace presente dramáticamente, y también de alguna manera cómicamente, en la puesta en escena del festejo solemne de Corpus Christi, para el que trabajan conjuntamente los indígenas, el Lic. Pozo y el Padre Urreda, por ser una fiesta tan significativa para el mundo cristiano como para los adoradores del Sol. Termina la procesión de manera tan sorpresiva como irreal, a tono con los sueños, las visiones, las premoniciones, las pesadillas y los fantasmas que recorren la novela.

Esta novela colorida y barroca toca puntos esenciales de nuestra cultura: el famoso “encuentro” de América y España, los vencidos y los conquistadores, el reconocimiento o el rechazo de “el otro”… sin dejar de lado la inmensa riqueza que existe en nuestro americano mundo en ornamentos, textiles, joyas, comidas, frutos de la naturaleza… La escritura precisa y límpida de Mimo Pacheco hacen de su lectura lo que se le pide a una lectura: que nos transporte fuera de nosotros, que nos haga ser parte de otra(s) vida(s), que entretenga y enseñe. Todo esto lo hace La noche como un ala, con un tono animado, lleno de sentido del humor y un sabroso vocabulario preciso y crocante.

No cabe duda que tal novela merecía ampliamente el Premio Nacional de Novela que se le otorgó en 2010.

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